Mantengo vista clara, pero es raro, cuando lloras vida y gotas de arena.
Mantengo pies firmes, pero es raro, procurar alturas, si ya caigo hace minutos.
Mantengo estúpida sonrisa, pero es raro, conmover miradas, no sabrán lo insoluble, lo anticuado que fue la extraña-futura-incierta despedida.
Mantengo antiguo pensamiento, pero es raro, añejar verdades, mientras duermo, la muerte al inverso me parece grata, desatendí alma, grave error de parte del pensador.
Mantengo oídos altos, pero es raro, escuchar ladridos en el bosque, cuando el mar era mi musa; (momento: mis ojos caen, el suelo sube, ¿debería temerle o disfrutarle?).
Mantengo suspiro distendido, pero es raro, fusionar pulmones con aire, cuando lloran cesantía, condenan cobardía.
Mantengo aquel detalle, pero es raro, te escribí tres adagiettos, tres veces lloraste y terminaste riendo, de mi aún no entendías el porqué te componía.
Mantengo aún el sueño, pero es raro, si no es este momento, no existiría suelo que destierre tu imagen asesina, que perdone lo que nunca hice, que no suba y deje cicatrices, que perdure, que choque y me salude, que distinga el tiempo de sonata y de nocturno, anteponga amor cuando volviste enajenada, que interrumpa inversa despedida (presto vivace), ¿Quien sabría?.
Anhelaré por última vez, mantener algo, lo que sea, por darle significado, a lo insignificante que fue, aquel ladrido eco-sonante.